2.5.09

Biografía inexacta… e inexistente

Era un sitio muy lejano, lejano de todo, de la vida, de la muerte, de todo, y de nada, porque ese sitio era el vacío.

Ahí llegaba todo, y nada se iba, esa nada que invade al mundo cuando hay desasosiego, la nada que se dicen dos amantes enfadados, la nada de un beso vacio, la nada que invade al alma cuando muere la esperanza, la nada que queda tras un adiós. De ese lugar salían todas esas nadas, que eran la misma pero disfrazada, amoldada a cada ocasión… que terrible era esa nada.

Muchos intentaron destruirla, pero el poder de esa nada era mayor a todos los poderes del mundo, era invencible.

Hombres trataron de eliminar a la nada con el alcohol, con éter, con hojas, con hongos… con todo lo que encontraron en la naturaleza capaz de provocar sensaciones placenteras, pero la nada venció, y esos hombres murieron, o vivieron en sueños de falsa realidad, que es peor que haber muerto.

Otros trataron de matar a la nada con trivialidades filosóficas y ensayos sobre la existencia y la inexistencia, inventos de la imaginación, trataron de destruirla cuestionándola, pero la nada no sucumbió, siempre tenía la respuesta correcta, siempre sabía que responder y aunque trataron de ignorar sus respuestas, al final nada los venció, y vencidos como estaban, se unieron a ella tan intensamente que aún hoy son nada.

No faltó quien pretendió eliminar la nada llenándola de banalidades superfluas, basura brillante e inútil, se llevó la vida llenando la nada con tonterías de oro y plata, con colecciones absurdas y costosas, con poderes e influencias, en fin, con todo aquello que otorgaba categoría al portador; pero la nada supo aprovecharlo, y entre más la llenaban de esto, la nada crecía más y más, y entre mayor era, más poderosa se volvía, y más difícil era soportarla. Se dieron cuenta del poder que habían otorgado a la nada cuando al final de sus tiempos descubrieron que ellos mismos eran nada.

Un día un hombre se fijó en la nada, y pudo ver que en ella estaba el secreto de todo, descubrió que ella misma era todo, y que los que de ella huían, no buscaban sino a ella misma. Se dio cuenta de que el universo completo pertenece a nada, y que ella hace y deja hacer lo que a ella le place. El hombre era un campesino, inocente nacido en medio de las montañas, no conoció nunca un beso vacío ni el enfado de dos amantes, nunca hubo esperanza que muriera ni nada que atormentara su alma; él conoció a la nada un día, muy avanzada su vejez, cuando dijo el primer adiós. Su mujer fue para él todo, de allí que la nada se presentara en todo su esplendor el día que ella se perdió. Entonces el hombre quedó deslumbrado, nunca creyó que la nada (la cual no sabía que existía) pudiera poseer tan grande poder y tan grande influencia sobre el hombre. Intentó pelear con ella como ningún hombre lo hiciera antes, pues el no conocía las armas de los otros, ¿su vicio? Contemplar el atardecer cada día, no conocía mayor placer que mirar los ojos de su mujer y saberse amado… Lo más filosófico que conocía no tenía palabras, ni preguntas ni respuestas, y él no cuestionaba el mundo, que además, era su mayor riqueza: el aire en sus pulmones y la sangre en sus venas, eso era lo que le hacía poderoso por encima de todo… Entonces la nada supo que ese hombre no debía pelear, que era demasiado poderoso y demasiado importante para corromperlo con la derrota, supo, que muy dentro de su espíritu, ella era dueña de todo, que regía sus actos y sus ideas, y supo también que el hombre la conocía y la amaba, la aceptaba, aunque él ni siquiera lo supiera. Ambos descubrieron al otro y a sí mismos al mismo tiempo, y se dieron cuenta de que eran uno solo. Desde entonces, el hombre cuida de ella, pues ella ahora es el todo que un día perdió, y la nada supo que el poder de él era tan grande que no podría luchar nunca, y prefirió tomarlo, unirse a él (aunque ambos sabían que al final sólo quedaría ella) y hacer aún más grande el reino de vacío, ese sitio tan lejano de todo.

Así la nada aprendió como derrotar aún a los que no luchan, y supo que ella era el destino de todo y de todos y que el de sí misma, era ser verdadera. En esto meditaba aquella ocasión que paseaba por el vacío y chocó con la verdad… pero eso es aparte, aún ninguno de los pobladores del vacío ha podido explicarme que ocurrió cuando esas dos fuerzas convergieron, así que dejaré esa historia para otro tiempo, quizás, incluso para otra existencia… si es que la presente es real.

16.3.09

Las mariposas

-Erase una vez, una niña que vivía en el bosque

-¿Y porque vivía en el bosque?

-Por que creía en los espíritus de la tierra

-¿Y los espíritus existen?

-No, sólo viven en los cuentos

-¿Y por qué la niña creía en ellos?

-Por que la niña no era real

-¿Y por qué podía creer en algo no real?

-Porque ella tampoco lo era

-Pero el cuento es real

-El libro lo es, pero la historia no, los personajes no existen

-¿Por qué el libro es real y los personajes no?

-Porque el libro es un pedazo de papel como todos los libros, pero los personajes no son de carne y hueso, sino de tinta

-¿Y por qué los personajes no son reales si la tinta y el papel lo son?

-Porque la realidad no es aditiva, un conjunto de cosas reales no formarán forzosamente algo real

-¿Y la existencia? Si una o todas las partes de algo existen, ese algo existe

-No forzosamente

-¿Entonces a donde se va la existencia?

-Se va con la realidad

-¿Pero dónde quedan?

-En el vacío

- ¿Qué es el vacío?

-Es donde no hay nada

-¡Pero están la existencia y la realidad!

-Pero no en todo el vacío

-¿Qué hay vacíos más vacíos?

-Hay regiones en el vacío, puntos de convergencia

-¿Con que converge el vacío?

-Con la verdad, por ejemplo

-¿Acaso esa convergencia existe?

-Sí, es un punto muy particular

-¿Y qué es?

-¿Ese punto? Sólo es el punto donde la verdad y el vacío convergen

-¡Pero entonces ahí el vacío no está vacío, y el vacío ocupado no existe, entonces la verdad tampoco es verdadera ahí!

-Pero el punto está ahí

-¿Como existe algo formado por cosas que no existen?

-Ahí es a donde llegan la existencia y la realidad que se pierden en el mundo

-Pero no son aditivas

-Tampoco la no existencia lo es

-¿Y qué te hace creer que si tú existes y yo existo y todos existimos el mundo en el que vivimos es real?

-¿Y qué te hace pensar a ti que existimos?

7.2.09

Un unicornio

Acaso una obsesión.

La soledad me rodea, veo su rostro y me pierdo en el abismo insondable de su recuerdo. Nuevamente, el vacío, siempre allí, siempre conmigo quizás entre nosotros... ¿interponiendose o acercandonos?
No quedan dudas, la realidad, suya y mia se ha confundido. Esa realidad, el punto donde su verdad y mi vacío convergen, es acaso lo único cierto que encontraré.

La verdad y el vacío... ¿acaso convergen? Pienso en ello, y llego a la conclusión de que sólo en ese punto de convergencia pueden ser plenos, el vacío sólo existiría al lado de la verdad, aunque en el hecho mismo llevara su destrucción, pues si bien el vacío es tan cierto como la verdad, la verdad es plena, llena lo que toca... y sin embargo, bien puede ser sólo una máscara más. ¿Es que el universo nos muestra sus máscaras? O es sólo una gran calavera, sus ojos vacíos me miran... de nuevo, aparece, siempre presente el vacío, presente en todo pero falso, a merced de todo aquello que lo rodea, del bien y del mal, de ti y de mi. No somos reales, el vacío lo abarca todo, pero cede medroso ante la verdad, no por un preparado de crema y miel, sino simplemente, porque ella lleva en sí misma creacion, plenitud y destrucción.

24.1.09

Despertar a los muertos

A veces creo que es mejor dejarlos en el fondo de las fosas, o en el de los cajones en todo caso.

Hacía años que no la veía, la había dejado muy en el fondo de sus recuerdos, y ahora, aparecía de nuevo ante sus ojos, y todo por una simple limpieza de invierno. Recordó entonces el día que la escribió y sintió de nuevo el escalofrío corriendo por su nuca, el frío helando sus víceras y vinieron a sus ojos dos gotas de melancolía, de memorias perdidas, de heridas renacientes, de dolores olvidados.

Entonces lo supo: había sido una trampa, un juego muy sucio en el que todos la envolvieron, todos lo sabían, todos lo esperaban. ¿Acaso había ocurrido lo que ellos deseaban? No podía ser, vivir todo este tiempo en medio de una mentira y de pronto descubrir la poca fe que tenían en ella, o quizás tenían demasiada fe y esta falló, ¿cómo saberlo?

"Noto la oscuridad de este día, la desdicha de mi ser, el nocturno eterno de esa despedida..."

sí, fue difícil, pero consiguió su amanecer, ¡ese nocturno terminó!

"...noto el eco de mis pasos, el sonido de mi voz, esta sensación que me quema, me desangra desde mi interior..."

el dolor, los recuerdos, el llanto ¡cómo pudo! y ahora ¡todas esas sensaciones de regreso!

"...olvídenme, dejen que el monstruo coma mi alma, y desaparezca por siempre de la faz de la tierra..."

así es, ella no consideraba posible que su corazón pasara la prueba, estaría maldita en todos los sentidos religiosamente posibles

"...no mantengan lazo alguno, tiren mis cenizas al jardín, al río, al excusado, donde sea, ¡pero lejos de mi hogar!... quiero que esto termine cuando el monstruo me coma, y olvidarme por siempre, siendo olvidada"

Fue muy breve, y sin embargo, había escrito esas palabras con tal exaltación que su espíritu se había ido mucho antes que ella, no podía seguir ahí, no cabía, debía decidir, si su fe o su espíritu... y prefirió su fe. Guardó la nota en un sobre y la ocultó en el fondo de un cajón. Ahora sabía que se había equivocado, vivir controlada, manipulada ¡por su fe! era peor que morir, ahora lo sabía, ahora que elllos la habían dejado, la habían olvidado, ahora sí estaba muerta.

30.12.08

De Sonata a Kreutzer

Liev Tolstoi
Desde hace mucho tiempo me sentía yo desasosegado cuando veía a una señora bien aderezada, en traje de baile; pero ahora esa vista me causa pura y simplemente terror. Veo algo peligroso para los hombres , algo contrario a las leyes, y me dan tentaciones de llamar a un guardia, de pedir protección contra el peligro, de reclamar que se quite de enmedio aquel objeto peligroso... Estoy seguro de que ha de venir un día - y quizá no esté lejos- en que se asombrará la gente de que haya podido existir una sociedad donde se permitan hechos tan atentatorios contra la tranquilidad pública como el adornarse el cuerpo de la manera que se les permite a las mujeres para provocar la sensualidad de los hombres. Es lo mismo que poner trampas a lo largo de la vía pública o en los paseos... ¡no!, es peor, ¿porqué se prohiben los juegos de azar y no ser prohiben las mujeres especialmente ataviadas para excitar a los hombres? Son mil veces más peligrosas.

9.12.08

Viajar en camión

Jorge Ibargüengoitia
Se considera que viajar en camión es un placer, una necesidad o una desgracia, según el grado de candidez y de optimismo del observador. Yo lo considero más bien un arte, que hay que aprender y dominar. En mis largos años de usuario de camiones he logrado descubrir y establecer las reglas que voy a expresar a continuación, con el fin de que si a algún lector le puede interesar, se sirva de ellas.
Para esperar un camión: hay que hacerlo rezando el rosario, pidiéndole a Dios que no venga muy lleno y que el conductor quiera pararse; al esperar un camión hay que correr constantemente de un lado a otro de la cuadra, tratando de leer los letreros de una hilera de camiones que están, cada uno, oculto por el de enfrente. Hay que observar también el semáforo que rige la circulación de la cuadra, avanzar hacia el centro cuando está en alto, y retroceder hacia la esquina cuando está en siga.
Para abordar el camión: hay que ser el primero en el abordaje, golpeando, si es necesario, a las mujeres reumáticas y a las madres de familia, con prole, que estorban el paso, sin hacer caso de los gritos de “¡ya no hay caballeros en México!”
A bordo: hay que bloquear la entrada y pagar con un billete de veinte pesos, para obligar al conductor a arrancar antes de que acabe de subir todo el pasaje. Hay que recordar esta máxima: cada pasajero es un enemigo, mientras menos haya, mejor.
Si el camión va repleto, se abre uno paso a codazos, diciendo siempre “con permiso”, hasta llegar a los lugares transversales, en los que no se sabe si caben tres o cuatro. Una vez allí dice uno “hágame un campito”, y sin esperar más, se sienta uno encima de dos pasajeros y se pone a leer el periódico. En la mayoría de los casos alguna de las dos víctimas se levantará furiosa y se irá. Entonces ya puede uno ocupar cómodamente el espacio libre.
En el caso de que se desocupe el ligar de junto, hay que abrirse de piernas y fingirse dormido o babear, con el objeto de evitar que alguien se siente. Mientras más alejado esté uno de los demás pasajeros, mejor.
Comportamiento hacia las mujeres: las mujeres en los camiones no tienen ninguna prioridad, ya bastante hemos hecho permitiéndoles votar y hacer ridiculeces en público. Si se acerca una anciana dando tumbos y le pregunta a uno: “Ay, señor, ¿no se compadece usted de mí?”, hay que contestar: “No”.
Si el camión va vacío y somos jóvenes muy jóvenes, estudiantes de preparatoria, por ejemplo, hay que subirse en bola y echando relajo. El momento de subirse en un camión representa una de las pocas oportunidades que tiene un joven de expresarse en público y dar a conocer su personalidad. Para lograr esto conviene hablar a voz en cuello y decir frases llena de originalidad, como: “el de atrás paga, chofer”, correr hacia el extremo posterior del camión, metiéndoles zancadillas a los compañeros y sentarse en el último asiento, forcejeando.
Una vez sentado, si hay compañeros de uno en la calle, conviene gritarles algo ingenioso, como por ejemplo: “Ese Tiras, ¿dónde dejaste al Cejas?” Si no los hay, conviene quitarle la pluma al más torpe de los compañeros y amenazar con arrojarla por la ventanilla. Esto provoca una gritería y un forcejeo que indefectiblemente producen muy buen efecto en los demás pasajeros. Les levantan el ánimo y les dan ganas de volver a ser jóvenes para echar relajo.
Si somos una joven bella, hay que subirse al camión moviendo la melena poniendo cara de “¡Ay, qué desgracia! ¡Yo aquí! ¡Si yo soy de Mustang!” Luego, hay que sentarse junto a otra dama, por miedo a que nos toquen las piernas.
Si se sube uno con niños, no hay que ser egoísta. Hay que permitirles entrar en contacto con los demás pasajeros, que probablemente han sido privados por la naturaleza de la dicha de ser padres o madres. A los niños hay que permitirles jugar con las solapas del señor de junto, con los pelos de la señora de adelante y lamerle la mano al que va agarrado de la manija de enfrente.
El camión es nuestro hogar, aunque sea por un momento. Mientras viajamos en él hay que actuar con toda naturalidad, como si estuviéramos en nuestra propia casa. Si estamos cansados, echamos un sueño, si tenemos catarro, escupimos en el piso, si tenemos hambre, comemos un mango. Si se sube un cantante o un recitador, hay que ponerle atención, aunque después no le demos ni un quinto.
Si bien hay que conservarlos a distancia, conviene ser amables con nuestros compañeros de viaje. Si uno de ellos ha venido escupiendo, por ejemplo, conviene que al levantarnos para bajar del camión le digamos a guisa de despedida: “Lo felicito. Ha escupido usted catorce veces. Es un récord”. Estas son cosas que levantan el ánimo. Si alguien va viajando en el estribo, en vez de decirle, “quítate estorbo”, conviene decirle: “allí va usted bien, no estorba nada” y darle un pisotón.
Por último, hay que recordar que el conductor de un camión es como el capitán de un barco. Él sabe dónde para y hay que aceptar sus determinaciones, aunque nos lleve tres cuadras más lejos, nos deje a media calle, entre coches desaforados, o nos obligue a bajarnos en un charco.

8.11.08

Ahí les va

Este es un cuentito que escribí hace algun tiempo, a ver que opinan.

El arrebato
Estaba desolada. No había remedio ¿qué hacer? ¿Esperar? No, eso no había funcionado ¿Presionar? Peor aún. Acaso su única opción era olvidar. Pero olvidar ¿cómo? era tanto, representó tanto para ella… olvidar sería como borrar una parte de sí misma, como amputarle un dedo ¡no! un brazo y, ¿quién se amputa un brazo por puro placer?
Había pasado muchas horas en este lugar, pensando, analizando, preguntándose ¿Por qué no lo comprendía? ¿Por qué parecía ser ella la única que no veía una explicación?
Entonces la vio. Enorme, colosal y negra vino a posarse a su lado, en una rama cercana; naturalmente, ella sintió repugnancia por el bicho, pero estaba a una distancia bastante segura para los nervios de ella. La escena tenía mucho de melancólico, más allá de la ocupada mente de ella, era conmovedora, escalofriantemente conmovedora.
No supo cuanto tiempo pasó, sin aviso, sin provocación, sin siquiera una brisa del viento. Una vibración salida de lo más profundo de las entrañas de la tierra que sólo movió un espíritu, pero que capturó a otro. La mariposa voló diez, veinte, treinta metros; ella la daba por perdida y de pronto regresó. ¿Qué ha pasado? Sólo vio una sombra negra caer, como una hoja en el acantilado.
Ya en la rama, la mariposa vio al hombre que venía corriendo por la vereda; lo ha visto gritar, llorar y ha visto, junto a él, el trozo de tela negra que ha quedado atrapado, roto en una roca saliente.