3.4.19

Madurar

Una década.
Otro sitio, otro trabajo, otras personas.
La melancólica reminiscencia de lo que nunca pudo ser, y la cicatriz de lo que intentó ser y fracasó.
Los sueños perdidos, tristes me miran desde un rincón. Nada puedo hacer, y los intentos fallidos, burlones, me atrapan.

Gracias soledad, has cuidado mis cicatrices con tanto esmero que apenas queda el rastro. Y sin embargo conservo el salado sabor en las mejillas, que me recuerda que existe eso, el mar que cuelga de mis pestañas. 

Al final, un poco triste, un poco anhelante, y casi sin esperanza sonrío, y espero que esa sonrisa me guíe de nuevo por este mundo, quizás, con un poco de suerte me sea devuelta otra sonrisa, y encuentre de nuevo el camino luminoso.
RZC2018

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